La relación entre la ciudadanía de la Unión y la nacionalidad estatal está marcada por la tensión inherente a la propia naturaleza de la Unión Europea. En efecto, el marco jurídico de la ciudadanía de la Unión pretende respetar la autonomía de los Estados miembros, al mismo tiempo que aspira a constituirse en un nuevo estatuto fundamental a nivel supranacional. Esta tensión informa la jurisprudencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea que, tras la sentencia Comisión contra Malta, deja claro que los límites que impone el Derecho de la Unión se proyectan, de manera general, no únicamente en la regulación de la pérdida de la nacionalidad, sino también de su adquisición.
Adicionalmente, la necesidad de clarificar y consolidar este marco normativo se ha visto acelerada en los últimos tiempos por el impacto en la ciudadanía de la Unión de desarrollos notorios, tales como del Brexit o la crisis del Estado de Derecho. En este contexto, el propósito de este libro es ofrecer una visión comprehensiva de la emergencia de una estructura constitucional que articula los límites que el Derecho de la Unión impone a los Estados miembros en materia de nacionalidad. En esencia, la cuestión fundamental es la siguiente: si el Derecho de la Unión impone límites a una competencia que, en principio, retienen los Estados miembros ¿qué criterios determinan el grado de intervención del Derecho de la Unión en la regulación de la nacionalidad estatal?.






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